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Sobre la apariencia pura y el arte en el desierto – una entrevista con Heinz Mack

850 000 teselas doradas, 53 325 kilos y 261 m2 de superficie; cada una de las nueve columnas mide 7 metros y medio de altura. Sin embargo, estas cifras por sí solas no logran describir la espectacular obra de arte de Heinz Mack: «The Sky over Nine Columns» (el cielo sobre nueve columnas) desplegó su encanto por primera vez en la Bienal de Venecia, en 2014, y más tarde en Estambul. En la actualidad, la obra se puede admirar en Valencia, y su próxima parada será St. Moritz. Beck & Eggeling International Fine Arts se encarga de la gestión de este proyecto artístico y su complicado transporte corre por cuenta de AXA ART. Entre 1957 y 1958, Heinz Mack, que trabaja como pintor y escultor desde hace más de 60 años, fundó el Grupo ZERO en colaboración con Otto Piene. Este grupo incluía artistas de la talla de Günther Uecker, Yves Klein, Lucio Fontana y Piero Manzoni. Para Mack, las estelas doradas simbolizan al hombre, que se yergue majestuoso «en un espacio sin límites».

¿Cómo afecta la colocación de las estelas a la percepción espacial de la obra?

Evidentemente, como escultor debo reflexionar acerca de cuál es el lugar ideal en el que una escultura desplegará todo su potencial. Una escultura sin el espacio que la rodea no es nada. De la misma manera, también se podría decir que el espacio sin la escultura carece de sentido para el escultor. Esta reciprocidad entre el espacio y la escultura es una característica indispensable de la misma. En consecuencia, una escultura expuesta en diversos lugares del mundo tendrá un efecto completamente diferente en cada sitio, aun siendo la misma escultura. Esto se debe a que el entorno que rodea la escultura desempeña un papel fundamental en la impresión general. La escultura reacciona con el espacio. Y no solo con el espacio, sino también con el clima y con la luz. Por ejemplo, cuando llueve mucho o está nublado, la escultura pierde ligeramente su encanto. La luz es un componente fundamental de su fuerza expresiva. Por eso opino que donde mejor está la escultura es expuesta al sol. La luz del sol es perfecta y se refleja en la escultura de forma óptima. Se trata de energías en constante interacción.

La forma arcaica frente al entorno cultural, ¿qué es lo que evoca esta contraposición?

Las nueve columnas que sujetan el cielo tienen, en verdad, una forma arcaica. Es muy sencillo: se trata de cuerpos geométricos cuya representación formal está reducida a la mínima expresión. De esta forma, en un mundo con un inventario de la civilización tan extenso, estas columnas tienen la capacidad de manifestarse de forma clara y expresiva. De hecho, esta capacidad aumenta cuanto mayor es la complejidad de los objetos a su alrededor, ya que, a nivel óptico, estos ejercen un efecto virulento sobre ellas. Esta capacidad es inherente a las esculturas arcaicas de naturaleza prehistórica. Mucho antes de que comenzáramos a hablar de la Historia del Arte, estas esculturas ya existían, algunas de ellas tienen entre dos mil y tres mil años. En Anatolia, por ejemplo, hay una necrópolis que tiene 7000 años de antigüedad. Cerca de la Necrópolis de Guiza, en Egipto, se alzan unos majestuosos cuerpos rectangulares que presentan esta forma austera. En Yemen, se yerguen nueve esbeltos pilares de piedra caliza que pertenecían al palacio de la reina de Saba. En todos estos casos, se trata de esculturas arcaicas con una determinada característica tectónica, que no se pueden calificar como arquitectura en sí. Además de su componente arcaico, estas columnas y pilares servían para sostener la techumbre de los templos. Evidentemente, en la actualidad muchos de estos templos carecen de techumbre, porque fue destruida o porque se derrumbó, y, por eso, los pilares y las columnas se alzan exentos en el espacio. En Venecia no ocurre lo mismo.
En la pequeña y maravillosa isla de San Giorgio Maggiore, existe un gran monasterio con una iglesia que bien podría parecer un palacio. Tanto la fachada de la iglesia como la explanada fueron diseñadas por Andrea Palladio. Esta impresionante iglesia marca profundamente la apariencia del lugar. Fue una enorme alegría, y podría decir que un orgullo, que mis obras se expusieran al lado del imponente conjunto arquitectónico de Palladio. En este sentido, al crear la escultura, la iglesia de Palladio no era exactamente el compañero buscado, sino, más bien, el mar, o mejor dicho, la laguna. Lo mismo ocurría en Estambul. Allí colocamos las esculturas en el lugar perfecto. Directamente desde el emplazamiento de la obra, se podía contemplar el Bósforo, mientras que, al mismo tiempo, los barcos desfilaban por delante del lugar de la exposición, de forma que los pilares también se podían apreciar desde esa perspectiva. Además, el sol se ponía tan abajo, que el brillo y el refulgir de los pilares se podía ver desde una distancia de tres kilómetros. De esta forma, la contemplación de los pilares adquiría un cariz misterioso y etéreo.

¿Qué relación tiene su obra «The Sky Above Nine Columns» con el espacio en Valencia?

En Valencia, disfrutamos del mismo componente etéreo. El conjunto de pilares parece surgir del agua sobre el que se asienta. Así, el espectador tiene la impresión de que los pilares flotan sobre el agua. También me entusiasma el hecho de que el reflejo de los pilares en el agua conforme una realidad propia con un enorme toque de dinamismo. Gracias a esta experiencia óptica, se crea un efecto casi cinético. La luz mediterránea de Valencia es otro factor que me apasiona. Para mí, es una de las luces más bellas del universo. Junto con la luz y el sol, la transparencia cristalina del aire desempeña un papel fundamental a la hora de desmaterializar por completo los pilares dorados. Desde la distancia, tan solo se aprecia la luz, no los cuerpos de la escultura en sí. El sol enmascara y desdibuja lo material, consiguiendo que el conjunto se convierta en un mero espejismo. Para mí, eso es lo fundamental. Esta aparición debe ser tan fuerte, que las personas dejen de cuestionarse si se trata de una obra de arte o no. En mi opinión, lo esencial es la fascinación.

En una ocasión, en Venecia, una mujer llegó a arrodillarse junto a los pilares para rezar. Pareciera que las columnas tuvieran una función sacra. Esto se debe al hecho de que el oro es considerado el material y el color que representa la dignidad, la nobleza y una apariencia que no se puede expresar en palabras. De esta manera, los pilares pueden llegar a conmover a una persona a un nivel casi místico.

El proceso de fabricación fue muy complicado. ¿Podría comentar alguno de sus aspectos?

Al realizar una obra, debo pensar, evidentemente, en la mejor forma de ejecutarla. En este caso, no hubiera sido posible sin una tecnología de última generación. El rectángulo paralelepípedo de los pilares se encuentra embutido dentro del objeto artístico. Este material se refuerza con fibra de carbono, de forma que no se produzca un «esfuerzo» debido al calor o el frío. Los rectángulos deben mantener su forma. Las empresas de Abu Dabi consiguieron un diseño perfecto. Deben ser absolutamente estables y lo suficientemente ligeros como para poder transportarlos. Otro aspecto importante fue determinar cómo pegar las teselas originales. Debido a que son de cristal, es necesario utilizar un adhesivo especial de gran calidad. Cualquier desviación de la forma podría causar un daño irreparable, ya que la luz es extremadamente crítica. Reconoce cualquier irregularidad o pliegue por pequeños que sean. La perfección técnica de la realización también fue muy importante.

¿En qué lugar le gustaría exponer «The Sky Over Nine Columns» a continuación?

La próxima parada será St. Moritz. La primera vez que escuché esta propuesta, me sorprendió un poco. El oro desempeña un papel esencial en los objetos y no me gustaría que se asociara al mero lujo. El oro tiene un significado muy especial para mí. No estamos en el departamento de joyería y complementos de lujo de unos grandes almacenes, por eso debemos mantener una postura firme y crítica. Se ha seleccionado St. Moritz, porque los juegos de invierno que allí se celebrarán se consideran un acontecimiento mundial. La idea es colocar los pilares sobre un lago helado. Este planteamiento es, sin duda, espectacular.

Otra de las ciudades que está mostrando un enorme interés en exponer los pilares sobre sus aguas es la ciudad de Chicago. Debido a las reservas que tiene el actual propietario de las columnas acerca de la distancia, también se está planteando la posibilidad de exponer en Moscú. Sin embargo, en este caso yo tengo mis dudas. Después de asistir a una bienal en Moscú, debo reconocer que no quedé muy impresionado por la ciudad.

En realidad, el lugar ideal para exponer la escultura sería, para mí, el lugar en el que fue concebida: el desierto. Esto significaría que nadie podría verla y que, a lo sumo, se podría filmar. La escultura mantendría un carácter virtual y no se convertiría en objeto de entretenimiento para los visitantes. La idea de que los pilares se yergan en solitario es una idea muy poética.

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